
Existen muchas bandas que, por una extraña razón, sufren una maldición que hace que sus carreras no sean todo lo completas que podrían haber sido. Me refiero a esa clase de grupos que tienen grandes ideas, que saben defenderlas a la perfección sobre un escenario, pero que a la hora de inmortalizarse en forma de disco no son capaces de mostrar la misma energía e intensidad que sí demuestran en directo. Soy consciente que una banda no podrá nunca sonar igual en directo que en disco, pero en algunos casos la diferencia es tan abismal que da la sensación de estar oyendo a dos grupos diferentes, aunque las canciones sean las mismas.
Desde que Henry Rollins abandonara Black Flag allá por 1985, su intención fue la de tener un grupo donde él fuera quien manejara a su antojo las piezas, un proyecto en el que no tuviera que ceñirse estrictamente al Hardcore-Punk, sino que pudiera experimentar libremente con cualquier tipo de música que a él le apeteciera (principalmente Rock y Jazz en casi todas sus variantes). La discografía de Rollins Band tiene algunos momentos flojos (sus últimos discos principalmente), otros buenos y otros excelentes (The End Of Silence, Weight o incluso Hard Volume), pero ya fuese por sonido, por producción o por cualquier cosa, ningún disco reflejaba al 100% la esencia de la Rollins Band en directo, un grupo que era un auténtico vendaval sobre un escenario, pura energia demoledora que te dejaba exhausto y sin fuerzas ni para moverte. Durante todos los años en activo de la banda, diversos directos fueron publicados, pero necesitábamos un testimonio definitivo de lo que ha significado la banda del señor Rollins en los últimos 15 años de historia del Rock. Y ese testimonio salió en 2002.
The Only Way To Kow For Sure es no solamente la última grabación de la Rollins Band en activo, sino que es exactamente lo que nos dice el título; la mejor (si no la única) manera de conocer realmente toda la dimensión musical e ideológica de la banda. Más de dos horas de música, 28 temas en el que repasan gran parte de su discografía (dando especial relevancia al que fue su último disco, Nice, lógico si entendemos que ese concierto formaba parte de la gira de presentación del mismo). Aunque mayormente eran una banda de Rock con algún deje de Post-Punk, la influencia de otros estilos es realmente interesante; estructuras que beben del Jazz, ramalazos de lo que Henry solía hacer en Black Flag, incluso en un par de temas tenemos un par de pinceladas Stoner realmente sorprendentes, ya que, en principio, éste grupo no tiene ningún tipo de relación con la música desértica.
Aunque, en realidad, lo más sorpredente del disco es el listado de temas que lo componen; en lugar de ir a lo seguro y tirar de repertorio clásico (tan solo hay 3 temas de The End Of Silence, y una sola canción de su álbum más famoso, Weight), se arriesgan defendiendo un set en el que la mayoría de temas proceden de sus 3 últimos compactos (Come In And Burn, Get Some Go Again y Nice), los tres discos que, para la mayoría de público y crítica, representaban lo más flojo de la carrera del grupo. Y lo más increíble es que no solo consiguen defender esos temas de manera digna, sino que consiguen hacer un auténtico conciertazo con una serie de temas que, por alguna razón, en disco no funcionaron correctamente. Henry y sus músicos demuestran que esos temas no eran malos, sino que sencillamente no fueron plasmados como se merecían en sus respectivos discos. La fuerza de Stop Look & Listen, la devastadora Illumination, la locura absoluta en Gone Inside The Zero (con Henry haciendo creer que iban a tocar un set acústico, nada más lejos de la realidad). 28 golpes directos uno detrás de otro, que nos dejan claro que la Rollins Band no solo no estaba acabada, sino que tal vez había desaparecido antes de tiempo. Desafortunadamente, la carrera de humorista y hombre espectáculo de Henry interfería demasiado con su vida de músico, que relegó a segundo plano. Es realmente extraño ver que ni siquieran tocan su mayor éxito, Liar, pero el resultado global es tan bueno que ni siquiera se echa verdaderamente en falta.
En definitiva, un testamento excepcional de una de las bandas más infravaloradas pero a la vez influyentes de la década de los 90. Imprescindible para todo aquél que ame el Rock sin etiquetas y a la vieja usanza.
Rollins Band – The Only Way To Know For Sure (Live) [2002]

Y para terminar, y aunque no tiene mucho que ver, un monólogo del señor Henry Rollins, sacado de su programa semanal The Henry Rollins Show; en este caso su ira va lanzada contra la música electrónica y las bandas de Rock Mainstream actuales. Brutalmente sincero, y desternillante al mismo tiempo.